Encargar un retrato al óleo es más sencillo de lo que parece, pero conviene saber qué pasa en cada etapa para llegar con las ideas claras. Esta es la guía que me gustaría que tuviera quien se plantea por primera vez un retrato por encargo.
Primero, la idea. Antes de hablar de técnica o de medidas, piensa qué quieres que el retrato diga: ¿es un regalo?, ¿recuerda a alguien?, ¿es para presidir una sala o para vivir en un salón? Una buena idea no necesita ser detallada, basta con saber quién va a ser retratado y para qué.
Segundo, el contacto. Me escribes contándome esa idea. No hace falta que sepas de pintura. Con unas líneas y, si las tienes, algunas fotografías, ya puedo orientarte sobre qué es posible y cómo planteamos el trabajo.
Tercero, la composición. Antes de pintar se decide cómo será el cuadro: busto, medio cuerpo o cuerpo entero, el fondo, la ropa, la luz, la expresión. Es la parte donde más se aprecia que un retrato por encargo se hace a medida, y conviene dedicarle tiempo.
Cuarto, el trabajo. Siempre que es posible, trabajo a partir de una sesión de posado o de fotografías que tomo yo mismo. Si eso no se puede, también trabajo con el material fotográfico que aportes, siempre que tenga calidad suficiente. Lo hablamos al principio, porque depende de la persona retratada, de dónde viva y de lo que se busque.
Quinto, el seguimiento. Un óleo se construye por capas, y durante el proceso se pueden compartir avances para comprobar que todo va en la dirección que esperas.
Sexto, la entrega. El cuadro se entrega barnizado, listo para colgar, con indicaciones para cuidarlo.
Un consejo práctico: no esperes a tener todo decidido. Lo mejor es escribir pronto, con la idea todavía abierta. Las mejores decisiones del retrato se toman hablando.
Si te estás planteando encargar un retrato, cuéntame tu idea en mikelpinto.com