Es una duda habitual al encargar un retrato al óleo: ¿hace falta posar, o basta con una fotografía? Para un retrato al óleo las dos formas son válidas, y cada una tiene sus ventajas.
En directo. Al pintar delante de la persona se aprecia mejor el color real de la piel, el modo en que la luz se mueve sobre el rostro y los pequeños gestos que definen a alguien. Es lo más fiel, pero exige coordinar agendas y estar en el mismo lugar.
Desde fotografía. Permite retratar a personas lejanas, a niños que no se están quietos o a seres queridos que ya no están. La fotografía comprime el color y aplana los volúmenes, así que el pintor debe interpretarla con criterio y no copiarla sin más.
El caso de varias fotografías. Lo ideal suele ser contar con varias imágenes de la misma persona, tomadas en momentos distintos. Así se puede reconstruir su rostro con más verdad que a partir de una sola foto.
Qué fotografías sirven. Las que tienen buena luz, nitidez y un encuadre cercano. Evita filtros, flashes directos y retoques, que alteran los rasgos y empobrecen el retrato al óleo.
La decisión no tiene por qué ser definitiva desde el principio. Cuéntame tu caso y te propongo la mejor opción: mikelpinto.com