Una buena fotografía capta un instante. Un retrato al óleo hace otra cosa: interpreta a una persona a lo largo de horas de trabajo.
La mirada. El pintor no solo copia: observa, decide y sintetiza. Un retrato pintado puede mostrar el carácter de alguien, no solo su aspecto en un segundo.
La materia. El óleo tiene textura, profundidad y una luz que cambia con el ángulo. No se puede reproducir del todo en pantalla.
La duración. Los óleos del siglo XVII siguen vivos, mientras que muchos soportes digitales se vuelven ilegibles. Un lienzo bien cuidado puede transmitirse durante generaciones.
El valor. Un retrato pintado es una pieza única. No hay copias, y por eso se aprecia como un objeto con historia.
Lo que no sustituye. Una fotografía es documento; un retrato pintado es interpretación. Pueden convivir, y de hecho muchos retratos parten de una fotografía.
Si quieres pasar de la foto al lienzo, cuéntamelo en mikelpinto.com