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15 de diciembre de 2023

Vicente López y el retrato de Félix Máximo López

Vicente López es sin duda uno de los mejores retratistas españoles. Su habilidad para captar la mirada, la profundidad psicológica de los personajes y para trabajar el detalle de los rostros es sencillamente excepcional.

Un buen ejemplo es el retrato de Félix Máximo López, primer organista de la Real Capilla, que se conserva en el Museo del Prado.

Félix Máximo López, primer organista de la Real Capilla, Vicente López Portaña, 1820
Félix Máximo López, primer organista de la Real Capilla, Vicente López Portaña, 1820. Museo del Prado, Madrid. Dominio público, vía Wikimedia Commons. Wikimedia Commons

Vicente López nació en Valencia en 1772. Allí adquirió su primera formación artística hasta que se trasladó a Madrid gracias a una beca de tres años, donde perfeccionó su formación como alumno de la recién creada Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Después de acabada su formación, regresa a su Valencia natal.

A su regreso, Vicente López se empieza a granjear una importante fama como retratista. Llega a retratar al Rey Carlos IV en una importante composición, Carlos IV homenajeado por la Universidad de Valencia, lo que le garantiza ser nombrado pintor honorario de cámara. Después de la Guerra de Independencia, Fernando VII lo nombra primer pintor de cámara y consecuentemente López se dedica en cuerpo y alma a pintar al Monarca y a miembros de la aristocracia.

En ese contexto, el hijo del primer organista del Rey, el intérprete y compositor Félix Máximo López, decide encargar un retrato de su anciano padre, amigo personal de Vicente. Aunque compartan apellido, los López no son familia. El motivo del encargo (amor filial) se puede ver en la inscripción situada en la parte frontal del piano.

Sin lugar a dudas, se trata de un retrato excepcional a todos los niveles: el color, la luz, la composición, la profundidad psicológica del personaje... Se nota a la perfección que Vicente López es un retratista meticuloso, que mide perfectamente todos los aspectos de su trabajo. Esta circunstancia se puede apreciar en detalles como la parte del fondo que se sitúa a la derecha de la composición: López, muy astutamente, decide introducir un tono verde que contraste con el rojo del uniforme y de esa manera evita que el cuadro se queme.

Además, los objetos que pinta tampoco son baladí. En concreto, si nos fijamos en la partitura que sostiene entre las manos vemos que se trata de la Obra de los locos, ópera compuesta por el propio Máximo y que constituye su aportación más notable. La anotación musical es perfectamente legible en la partitura y el detalle de la misma es de gran admiración.

Para concluir, el artículo que Javier Marías escribió sobre el cuadro, uno de sus favoritos del Museo del Prado, puede leerse aquí: archive.is

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