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13 de noviembre de 2023

Anders Zorn y los límites del realismo

Gran parte de los pintores realistas actuales, especialmente en el mundo anglosajón, tienen a Anders Zorn como uno de sus más insignes referentes.

Anders Zorn nació en Suecia allá por 1860, fruto de la relación de una campesina con un cervecero alemán. Pronto empezó a demostrar un gran talento y, tras formarse en la Academia Sueca, empezó un periplo que le llevaría a las más importantes capitales europeas con el fin de estudiar a los grandes maestros de la pintura. Como sus dos contemporáneos más insignes, Sorolla y John Singer Sargent, prestó gran atención a la pintura de Velázquez.

Pronto Zorn no tardaría en convertirse en el retratista más valorado de su época, llegando a retratar a tres presidentes estadounidenses. También destacó en el desnudo y en la pintura costumbrista.

Su autorretrato es un buen ejemplo de su manera de pintar.

Autorretrato, Anders Zorn, 1907
Autorretrato, Anders Zorn, 1907. Dominio público, vía Wikimedia Commons. Wikimedia Commons

Efectivamente, su estilo os habrá recordado al de sus contemporáneos Sargent y Sorolla, nacidos en 1856 y 1863 respectivamente. Y, aunque Zorn sin duda es un gran pintor digno de admiración por su habilidad técnica en el manejo de los valores, su pintura está varios escalones por debajo de la de sus más famosos contemporáneos.

La primera gran diferencia es que Zorn solía trabajar con una paleta extremadamente limitada. Apenas usaba tres o cuatro colores, generlamente ocre, rojo, blanco y negro: ello conduce a un cromatismo extremadamente limitado y carente de diversidad de matices. Por otro lado, y aún más importante, Zorn centraba el resultado de su arte en un sutil efectismo, como muchos de los pintores actuales. Os explico en qué consiste.

Cualquier cosa en la que incida la luz tiene una parte iluminada y otra en sombra. La parte más cercana a la luz está más iluminada. La más alejada, algo menos. En aquella que no incide la luz, vemos sombra. Estas circunstancias se pueden simplificar en una serie de tonos que en pintura y dibujo llamamos escala de valores: luz, medios tonos, sombra y sombra oscura. Cualquier imagen puede ser simplificada en estos cuatro tonos y nuestro cerebro la interpretará de manera realista. Aunque puedan variar los colores, si la luminosidad de esos colores es la adecuada respecto a la luz la imagen funcionará de forma realista.

Sin embargo, la realidad es mucho más compleja, y la variedad de matices, infinita. Al simplificar tanto los valores como el color, y al no saber tampoco innovar en el dibujo o en la temática, Zorn consigue un resultado impactante pero absolutamente falto de profundidad técnica y conceptual. Cuando uno observa su pintura, parece que tan sólo se preocupara de colocar sus cuatro valores y sus cuatro colores en el lugar exacto. Eso sí, nada de esto significa que Zorn no sea un gran pintor, pero Sorolla y Sargent se encuentran muy por encima. Sorolla, concretamente, nos muestra la verdadera riqueza del color en la visión de un pintor.

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