Una importantísima aristócrata con las mejores vestiduras de su tiempo sosteniendo una miniatura del retrato de su padre. La otra mano protege a una sirvienta anciana que a su vez sostiene un par de monos. Suena surrealista, pero es un gran retrato.
Se conserva en el Museo del Prado.

La protagonista de este curioso retrato es una de las mujeres más interesantes de su tiempo: Isabel Clara Eugenia, hija de Felipe II y su favorita. Clara Eugenia creció bajo la protección y el amor de su padre, quien le permitió observarle tratar los asuntos de gobierno desde bien pequeña. Está claro que Isabel tenía algo especial. Una inteligencia madura, realista, alejada del idealismo y completamente apegada a la realidad. Sin embargo, al mismo tiempo, sus valores morales y su gusto estético y artístico era tan elevado como su inteligencia y belleza.
No es de extrañar que, con esas dotes, Clara Eugenia acabara ostentando una de las posiciones más importantes del Imperio en aquella época: nada más y nada menos que la gobernanza de los Países Bajos, en cuyo largo gobierno conseguiría éxitos memorables como la Toma de Breda. Otra parte de su gran legado fue el mecenazgo artístico: a ella le debemos muchos de los cuadros de Rubens que hay en el Prado, por no hablar de que también compró para la Colección real 'El Matrimonio Arnolfini', obra también robada por los ingleses dos siglos después de su adquisición.
El caso es que sus grandes virtudes se reflejan en el retrato: es un rostro que transmite gran inteligencia, seguridad, cultura y belleza. La imagen de Clara Eugenia está pintada con sumo cuidado, conservando la expresividad de esos ojos despiertos y seguros. Los detalles de los bordados del vestido, a su vez, están hechos con una minuciosidad y paciencia realmente admirables, que subrayan su riqueza y estatus social.
El autor del cuadro es Sánchez Coello. Coello pintó la obra hacia el final de su carrera (moriría un par de años después de acabar el retrato). 20 años antes se había convertido en pintor de cámara de la corte de Felipe II aunque provenía de la Corte portuguesa. Coello se había formado en los países bajos con el gran retratista Antonio Moro, autor del extraordinario retrato de María Tudor, la 'Bloody Mary'. Coello pintaría repetidamente a los miembros de la Corte y, lógicamente, existen varios retratos de Clara Eugenia pintados por él.
Sin embargo, el retrato que estamos comentando me parece el más curioso porque muestra parte de la vida de Palacio. En este sentido, la criada que aparece retratada bajo su mano protectora es Margarita Ruiz, una veterana sirvienta de la Corte de total confianza de la familia real. Los monos que sostiene en sus manos, a su vez, son una representación del poder internacional del imperio.