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24 de octubre de 2023

Dánae, de Tiziano: el desnudo y la lluvia de oro

El desnudo femenino es sin duda una de las temáticas que mejor demuestran la habilidad de un pintor para representar la figura humana en todos sus matices.

Este es uno de los cuadros más bellos de ese género. Uno de mis cuadros favoritos. Muestra a un dios golfo seduciendo a una mortal aprisionada por su padre. La dulzura y la riqueza de matices con la que está pintado sólo se pueden apreciar cuando uno ve el cuadro en vivo, como sucede con la buena pintura.

‘Dánae recibiendo la lluvia de oro’, pintada por el gran Tiziano, puede verse en el Museo del Prado.

Dánae recibiendo la lluvia de oro, Tiziano, 1560-1565
Dánae recibiendo la lluvia de oro, Tiziano, 1560-1565. Museo del Prado, Madrid. Dominio público, vía Wikimedia Commons. Wikimedia Commons

Concretamente, este cuadro es la versión que Tiziano pintó en 1560-65. Tiziano ya había tratado este tema en otras ocasiones y está es su versión definitiva y la mejor de todas ellas.

La pintura muestra a Dánae, hija de Acrisio, en el momento en que es seducida por Zeus, a través de una curiosa ‘lluvia dorada’. La mitología griega nos cuenta que Acrisio recibió la profecía de que su hija había de parir un hijo que acabaría matándolo. Para evitar esa profecía, no se le ocurrió otra idea que encerrar a su hija en una especie de prisión subterránea custodiada por perros.

La idea más importante de la mitología griega es la prevalencia del destino. De algún modo, para los griegos el destino siempre acababa imponiéndose sobre la voluntad y los pequeños deseos de los mortales. En este caso, a ese gran dios golfo que fue Zeus no le costó demasiado trabajo: consiguió colarse en la prisión subterránea transformándose en una lluvia dorada.

Una vez fecundada, Dánae parió a Perseo, quien finalmente mató a Acrisio. Ya veis que es imposible zafarse del destino, y aún menos cuando el destino es un golfo pichafloja como Zeus. Si algunos hombres mortales hacen locuras enfiestados a las 6 de la mañana por conseguir algo de cariño, no imaginemos lo que puede hacer un dios golfo y encaprichado, y además siendo el jefecillo del Olimpo.

Bueno, lo que nos quiere decir Tiziano es que en cualquier caso se recurre al mismo método. El de la ‘lluvia dorada’. La representación de la ‘lluvia dorada’ como una lluvia de monedas es absolutamente brillante, aunque no sea creación exclusiva de Tiziano. En resumidas cuentas, ‘poderoso caballero es don dinero’. Una visión irónica, descreída y terrenal del mito que ciertamente sitúa esta genialidad mucho más cerca del Barroco que del Renacimiento.

Pero lo más alucinante del cuadro es la manera en la que está pintado. Cuando se ve en vivo, la carne parece tener una luminosidad especial, una riqueza de matices sencillamente impresionante y sutil. El tono de la piel va mudando de una manera tan suave que es casi imperceptible, lo que se traduce en una presencia etérea que contrasta con la dureza con que está pintada la sirvienta.

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