Es probablemente uno de los desnudos más sensuales jamás pintados. Un cuadro de una modernidad alucinante para el momento en que fue pintado, como casi todo lo que pintó nuestro Diego.
Sin embargo, la historia de este cuadro también es una historia de misterio, saqueo y terrorismo cultural, que se cuenta en las dos entradas siguientes.
Antes, unas pinceladas (nunca mejor dicho) sobre la naturaleza de esta gran obra maestra.
Me refiero a 'La Venus del espejo' de Velázquez, que se conserva en la National Gallery de Londres.

La fecha y el origen de la obra está envuelta en misterio. No se sabe exactamente cuándo ni para quién pintó Velázquez la obra, aunque se intuye que pudo deberse a un encargo de Gaspar de Haro y Guzmán, aristócrata famoso por su afición a intercambiar cariño.
El tema, de este modo, no podía haberse escogido mejor. Afrodita de espaldas, Cupido, el amor, reflejando su mirada. Cupido, al mismo tiempo, tiene sus manos atadas al reflejo de Venus con una especie de lazo de seda. Es un deseo que quiere ser amor pero que de algún modo es incapaz de cruzar la barrera de lo sensual.
La forma en la que está pintado el rostro que se refleja en el espejo es sencillamente fabulosa. Confiere a la pintura un aire espectral que subraya la naturaleza sobrenatural del episodio. Por otro lado, tanto el reflejo desdibujado como el rostro melancólico de Cupido nos muestran el triunfo de la sensualidad sobre el amor antes mencionado.
El espejo es importante porque nos muestra a Venus como un ser centrado en su propia naturaleza, de espaldas a las circunstancias y deseos de quienes la pretenden, ensimismada en el reflejo imperfecto y borroso de su propia belleza. Así, el juego de miradas que ofrece esta gran obra maestra es sencillamente espectacular.
Por un lado la mirada de Cupido, inocente y servicial, derrotado ante la sensualidad de Venus. Por otro, la de Venus, incapaz de desearse a sí misma como la desean los demás. Finalmente, la del espectador, que sólo puede ensimismarse ante tanta paradoja y belleza.
De algún modo se nos revela que lo que tantas veces entendemos por amor no es más que el disfraz de una voluntad sensual que se pierde y malgasta en su propia naturaleza.