Velázquez empezó a driblar demasiado pronto, como tantos otros genios universales. Muchos conoceréis sus primeras obras más populares: 'El aguador de Sevilla' y la 'Vieja friendo huevos'.
Pero no tantos conoceréis una de sus obras maestras tempranas que está a un nivel igual o superior.
Se trata de 'La cena de Emaús', conocida también como 'La mulata' o 'Criada con la cena de Emaús'. Y no es lo que cabría esperar.

¿Sorprendente, verdad? Con apenas 17-20 años (no está clara la fecha del cuadro), nuestro Diego ya demostraba la virtud que lo convirtió en un genio universal: su habilidad narrativa.
Velázquez podría haberse decantado por una visión estática del momento en que Cristo se apareció a dos discípulos, una vez resucitado. Podría haber pintado la cena, como resultaba habitual, con Cristo otorgando una bendición o dialogando con los discípulos (en esta misma época sevillana precisamente pintó otra obra con esta perspectiva).
Por el contrario, aquí Velázquez se decanta por una opción muchísimo más rompedora y original. Decide pintar a una sirvienta, en este caso a una mestiza de probable origen morisco (tras ser definitivamente expulsados de España por Felipe III, muchos aún permanecían como cautivos en el momento en que se pintó la obra). Muy al fondo, tras una ventana o reflejados en un espejo (¿os suena de algo lo del espejo?), aparecen Cristo y los dos discípulos.
La obra es al mismo tiempo un bodegón, una escena costumbrista y una gran obra religiosa. Como en 'Las hilanderas', 'Las Meninas' o 'La fragua de Vulcano', es además una visión profundamente dinámica. Velázquez captura un instante como si fuera un fotógrafo, y ese instante siempre nos lleva a una multiplicidad de narrativas.
Esa es su grandeza, más allá de su insuperable técnica. Velázquez pinta como un poeta épico comienza sus obras, en medio de la acción.
Por otro lado, la pose elegida no puede ser más excepcional, con el rostro en escorzo, completamente sumergida en la acción.
También hay que decir que algunos estudios afirman que la escena religiosa fue pintada más tarde y que no forma parte de la concepción original de la obra. En cualquier caso, Velázquez seguro que la pintó y, por otro lado, nunca hay que prestar demasiada atención a los aguafiestas.